Amar es un arte (1ª parte): un amor maduro

Este artículo se divide en dos partes y publicaciones. En esta primera parte, presento la idea del amor maduro como el fruto de un aprendizaje y siento las bases de las premisas y suposiciones falsas que nos llevan a fracasar en el amor (más de lo que desearíamos).
En la segunda parte, tiro del hilo y me detengo en el arte de amar en pareja, donde las expectativas, visiones románticas y anhelos, engullidos a través de referentes consumistas y capitalistas, nos llevan a seguir fracasando en lo que creemos que es el amor en pareja.

"¿Amar es un arte?" No es la primera vez que abordo esta cuestión, ni soy la única. Y aunque ya se haya escrito mucho sobre la materia, en esta ocasión me sirvo de este título para desarrollar un aspecto que nos preocupa a unxs cuantxs. O, más bien, que nos ocupa de una manera o de otra.

¿Amar es un Arte? Sí, Amar es un Arte.

Me inspiro en Erich Fromm, con quien comparto una mirada en común sobre este tema. Me interesa de este psicólogo humanista y pensador influyente del siglo XX, su capacidad para conjugar la profundidad y la sencillez de un tema como es el que hoy me traigo entre manos.

Erich Fromm nos explica en su libro El Arte de Amar que el amor no es sólo una relación personal, sino un rasgo de madurez que se manifiesta en diversas formas: amor erótico, amor fraternal, amor filial, amor a uno mismo/a, entre otros.

También nos aclara que el amor no es algo pasajero y mecánico, como a veces nos hace creer la sociedad actual. Muy al contrario, el amor es el fruto de un aprendizaje. Por ello, si queremos aprender a amar debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, ya sea la música, la pintura, la carpintería o el arte de la medicina. Un aprendizaje que no deposita su energía en la consecución del éxito, dinero, prestigio o poder.

Hace veinte años dejamos atrás el siglo XX, y esta idea del amor que se aprende, lejos de estar desfasada es, según mi propia experiencia personal y profesional, de rabiosa actualidad. Entremos más a fondo. Te has preguntado si hay algo que aprender acerca del amor, ¿o crees que el amor es una cuestión de azar, algo con lo que uno tropieza si tiene suerte?

Estas son algunas premisas que sustentan la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor:

  1. Para la mayoría de las personas, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellas el problema sea cómo lograr que se los ame (recibir amor), y cómo ser dignos de amor.

  2. El problema del amor es el de un objeto y no el de una facultad. Se trata de una creencia basada en que amar es sencillo, y lo difícil es encontrar un objeto apropiado para amar o para ser amado por él.

  3. Existe una confusión entre la experiencia inicial del enamorarse y la situación permanente de estar enamorado o permanecer enamorado.

¿Te resuena alguna de estas frases que tienen como base las tres premisas anteriores?:

  • “No me ama, no me quiere”. [Y tú, ¿le amas?]
  • “No encuentro a la persona ideal”. [¿Quién sería la persona ideal para ti, en el caso de que existiera alguien ideal?]
  • “No estamos enamorados, desapareció la chispa, ya no hay amor”. [¿Pretendes estar enamorada como al inicio de una relación? ¿Por qué?]
  • “No tengo suerte en el amor”. [¿En realidad, se trata de un tema de suerte?]
  • “No hay nadie a quien merezca la pena amar”. [¿Sentirías lo mismo si te hubieras sentido alguna vez amado?]
  • “No merece la pena enamorarse”. [¿Y qué merece, entonces, la pena?]
  • “Mejor no comprometerse demasiado”. [Bueno, es una opción quedarse a medias. Pero resulta poco gratificante y poco honesto]
  • “Es mejor no decir todo lo que uno piensa en una relación”. [¿Y eso? Que no lo expreses ni compartas no quiere decir que dejes de sentirlo, y quién sabe si algo se te escapa, si no con las palabras, con alguna actitud, acción, gesto…]
  • “Las relaciones tienen que ser fáciles y fluidas. Si se complica, es mejor dejarlo y probar con otra persona”. [La vida tiene momentos poco fluidos, es cierto. No obstante, cuando algo se complica, ¿has probado a cambiar algo? Tal vez no tenga que ver con lo complicado de las relaciones, sino con la manera de relacionarte]

Llegados a este punto, te propongo seguir leyendo de manera un poco más comprometida y preguntarte (no te juzgues, busca tu sinceridad):

  • ¿Repites algo en tu forma de amar que hace fracasar tus relaciones?
  • ¿Qué es lo más importante para ti: dar o recibir amor?
  • Tu amor, ¿pudiera tener alguna forma encubierta de dar respuesta a alguna necesidad o carencia?
  • Si sientes que una relación deja de ser excitante, ¿puedes continuar en la relación?
  • ¿Dedicas tiempo y presencia a amar?
  • ¿Tus referentes del amor tienen que ver con experiencias nutridoras?
  • ¿Sabes lo que es el amor maduro?
  • Cuando amas, ¿sientes que te estás cuidando?

Si al responder a estas preguntas algo te “ha tocado”, o te ha hecho sentir incómodo, triste, enfadada, cuestionada, irritada, confrontado o nerviosa porque uso el femenino y el masculino aleatoriamente, saltándome las reglas gramaticales, te tengo que decir que es tuyo. También mío. Estamos en lo mismo, en la aventura de amar y amarnos desde lugares más honestos, más respetuosos, más plenos, más libres sin miedos.

Amar sin miedo a que no te reconozcan lo suficiente, sin miedo a no tener que pedir permiso siempre, sin miedo a expresarte, sin miedo a entregarte, sin miedo a no sentirte juzgada, sin miedo para no tener que mentir, ocultar o agredir, sin miedo a poder poner límites, sin miedo a sentir placer, sin miedo a aprender y reconocer que no siempre sabes, sin miedo a mostrarte vulnerable, sin miedo a reconocer que necesitas revisar y trabajar algunas cosas de ti, sin miedo a aceptarte, sin toda esa lista de miedos que sólo tú conoces porque los viviste de pequeño y de pequeña. Miedo a no sentirte amado y amada. Miedo a quedarte a solas con la nada, ¿a solas contigo? A solas. Miedo a tu herida, a que vuelva abrirse, a recordar y sentir el dolor que te la produjo. Miedo a sufrir, tanto es el miedo que sientes que te anestesias, te disfrazas, te acorazas, te desconectas y te convences de que en esto del amor todo depende de tu hijo, de tu padre, de tu pareja, de tu vecino, de tu amiga, de tu hermano, de ¿quién?

¿Y qué hacemos con todo este infortunio? Recuperando a Erich Fromm, este nos dice que parece que sólo hay una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y que consiste en examinar las causas del propio fracaso y estudiar el significado del amor.

El primer paso que puedes dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseas aprender a amar, debes proceder de la misma forma en la que lo harías si quisieras aprender cualquier otro arte: música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.

¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte? El dominio de la teoría y el dominio de la práctica. Mucha, mucha práctica.

Pero, aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, es necesario un tercer factor para llegar a dominar cualquier arte: que el dominio de este arte sea un asunto de fundamental importancia, nada debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina, la carpintería y el amor.

Quizás, es aquí donde radica el motivo de los fracasos en el amor. Sólo en contadas ocasiones tratamos de aprender este arte. Y estamos más por la labor de todo lo que tiene que ver con el reconocimiento, el éxito, el prestigio, el dinero, y el poder.

Si todavía te queda alguna duda sobre si el Amor es un Arte, algo que debe ser cuidado, atendido, cultivado, respetado y autoresponsabilizado, prueba a seguir estos tres pasos: ESTUDIA, PRÁCTICA Y PRIORIZA AMAR Y VUELVE A PRACTICAR HASTA QUE TE CONVIERTAS EN EL ARTESANO y ARTISTA más experimentado en tu propio arte de amar.

¡Y, sobre todo, compártelo!




Ángeles Córdoba
Ángeles Córdoba
Ángeles es psicóloga, psicoterapeuta y analista bioenergética CBT, creadora con Juanfran Díaz del proyecto amarenpareja.com

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