Comunicación en la pareja: 5 problemas más habituales

Las relaciones de pareja son el lugar perfecto para el aprendizaje personal, pues es donde ponemos todas nuestras favorables y desfavorables en juego. Dicho de otro modo: en la relación de pareja manifestamos nuestras neurosis más fácilmente que en cualquier otro tipo de relación (familiar, social, laboral...). ¿Qué quiere decir esto? Que la pareja nos sirve de “recipiente” donde volcar nuestras expectativas, temores, quejas y frustraciones. Puedes imaginar lo que supone esto: conflictos, malentendidos y problemas en la relación. En este artículo me centraré en uno de los pilares de las relaciones: la comunicación. Vamos a ver 5 problemas más habituales de la comunicación en la pareja (y claves para poner soluciones):

1. Oyes, pero no escuchas

El principal problema de muchas parejas: la dificultad para escuchar de verdad. ¿Te ha pasado estar hablando con tu pareja y estar pensando en lo que vas a responder o incluso interrumpirle? Estás más centradx en lo que tienes que decir tú en lugar de escuchar lo que te está diciendo. Esto puede suceder por varias causas (pero no te castigues antes de tiempo):

  • Crees tener la razón, o mejor dicho, “tienes la razón”, así que no hay lugar para otras opiniones.
  • Aunque oyes sus palabras, estás tan motivadx que crees que lo que tú piensas es más importante, o sea, tu entusiasmo te impide escuchar.
  • En una discusión prefieres hacer oídos sordos a lo que dice el otro, pues es incluso doloroso para ti.
  • Estás tan estresadx con tus tareas que te cuesta concentrarte en lo que te dicen.
  • Realmente te aburre lo que te está contando y prefieres tomar la iniciativa.

Habitualmente ponemos en marcha un proceso cognitivo cuando oímos hablar al otro: buscamos en nuestra “biblioteca” particular recuerdos, ideas o conceptos que encajen con lo que oímos, es una manera de procesar la información. Rescatamos un “fichero” y lo tenemos en mente por si acaso, en “streaming”, lo que a veces dificulta el escuchar, o sea, procesar lo oído. No es lo mismo oír que escuchar. Y nuestra atención es selectiva y excluyente.

2. Esperar a que el otro adivine lo que quieres

Un habitual de los problemas de comunicación: no expresar lo que quieres, deseas o necesitas porque crees o te parece que tu pareja ya debería saberlo. Ideas como “seguro que se acuerda”, “si me quiere sabrá lo que es mejor para mí” o “prefiero no contarle nada, que me sorprenda” son el talón de Aquiles para muchas parejas.

En una concepción romántica del Amor hemos interiorizado que la otra persona “debe” estar ahí, pendiente de su pareja, atento y anticipando cualquier demanda posible. Esto significa entender el Amor como una forma insana de cuidar las necesidades de la otra persona como si ella no fuera capaz de hacerlo por sí misma. Dicho de otra forma: delegas la responsabilidad de lo que necesitas en el otro. Esta característica se da en personas con un alto índice de dependencia emocional.

Dejar tus necesidades en manos de otra persona es arriesgado. Seguro que te has llevado más de una decepción o te has frustrado por no obtener lo que esperabas. Pero claro ¿qué esperabas, si das tu poder personal a otra persona que no tiene porqué cogerlo, ni saber qué hacer con él ni atenderlo como tú lo harías? Esto sucede a menudo en el sexo donde no pedimos lo que nos apetece por vergüenza esperando a que lo haga como queremos.

Este mecanismo es bidireccional: podemos esperar a que el otro adivine lo que necesito y también podemos dar por sentado lo que necesita el otro. Y de esta manera nos anticipamos a sus necesidades, creyendo que no puede ocuparse de sí mismo, o bien ponemos en el otro ideas o palabras que ni siquiera ha dicho, con la confusión que esto produce.

3. Dejas de hablarle por el daño que te ha hecho

Habéis discutido. Os habéis dicho cosas horribles. Te sientes dolidx. O simplemente no ha puesto el tarro del café “en su sitio”, no te ha llamado cuando estaba de viaje o ha mirado a otra persona “más de la cuenta”. Por impedimento o para que se entere de quién eres tú dejas de hablarle un tiempo. Unos minutos, horas o incluso días. ¿Te imaginas lo que voy a decirte...?

El vacío que hacemos (o nos hacen) cuando nos sentimos dolidxs, omitiendo la comunicación, es una estrategia que empeora y perjudica considerablemente la salud afectiva, emocional e íntima de las relaciones. Dejar de hablar a la otra persona es una manifestación más del miedo que te distancia y aleja de aquéllo que te ha herido. ¿Por qué del miedo? Sentirte heridx y el miedo comparten una misma experiencia: encogerte y empequeñecerte.

Esta manera de gestionar tus sentimientos heridos responde a dos posibles mecanismos:

  • Incapacidad de estar en relación: ante esta sensación angustiosa y dolorosa necesitas retirarte, apartarte. Es un mecanismo defensivo para protegerte de aquéllo que te ha hecho daño. Posiblemente en tu historia personal tengas referentes o patrones de manejar los conflictos desde la retirada que has interiorizado y ahora se manifiestan cuando te sientes heridx.
  • Necesidad de agredir: has aguantado el chaparrón pero se va enterar, dejas de hablarle, le ignoras, haces un vacío en la relación. Es un mecanismo reactivo de agresividad pasiva. ¿En tu historia personal te han enseñado a tragarte tu rabia y no expresarla? La agresividad pasiva se manifiesta cuando no sentimos el permiso (externo o interno) para expresar nuestro desacuerdo, enfado o ira abiertamente. Es una característica habitual de personas que han retenido su expresión de rabia.

4. Cuando llevas al máximo lo que sientes

Lleváis tanto tiempo juntos que os conocéis como si os hubiérais parido, así que sabes lo que haría en una situación futura porque es lo que hace “siempre”, o sabes lo que diría porque es lo que no dice “nunca”. Los siempre y nunca los podemos utilizar como medida preventiva o también para reprochar al otro conductas o expectativas no cumplidas (¿te acuerdas de lo que escribía más arriba sobre dejar que el otro adivine lo que necesitas?). Estamos radicalizando la comunicación afectiva a dos extremos: todo o nada, siempre o nunca, cuando probablemente no siempre hace lo mismo o nunca es meter en el mismo saco todas sus palabras.

Otra forma llevar al máximo la comunicación es aseverando con “tendrías” o “deberías” (o “ya sabes de qué hablo”). La exigencia a la que sometes a tu pareja puede jugarte una mala pasada, primero porque tu pareja ni tiene ni debe nada (te cuento un secreto: no está ahí para fomentar tus neurosis), y segundo porque cuanto más aprietes las tuercas más forzarás la comunicación y podrá distanciarse o agitarse agresivamente. Un apunte: el “tendría/debería” también puedes exigírtelo a ti mismx, con el lugar de (auto)presión en el que te colocarías.

Una manera más de forzar la comunicación es cuando te exageras tus emociones o reacciones, como si no tuvieras control sobre ellas. Son como un resorte que, ante el mínimo roce, se disparan y “te hacen” decir o hacer cosas de las que luego puedes arrepentirte. Estas situaciones se dan en personas con poco autocontrol o baja inteligencia emocional, o bien en personas que han tenido experiencias ambivalentes y confusas en su infancia que no las han permitido aprender a autoregularse adecuadamente.

5. Os tratáis con faltas de respeto

El gran problema de las relaciones es la falta de respeto, pues afecta negativamente al vínculo afectivo derivando en resentimiento (rencor), desconfianza, agresividad activa o pasiva, y distanciamiento emocional y/o físico.

La falta de respeto puede percibirse en diversos ámbitos, ya sean verbales o no verbales (corporales), de menor a mayor intensidad:

  • Desconsiderar el bienestar físico, emocional, intelectual o social del otro: no prestar atención a lo que te cuenta tu pareja, pedirle que cambie de trabajo por ti o seguir paseando dos horas más cuando te ha dicho que le duelen los pies.
  • Actitudes controladoras: exigir un horario de llegada o registrar las conversaciones el móvil de la pareja con o sin su permiso (a escondidas).
  • Actitudes despreciativas: infravalorar las capacidades de tu pareja o poner en entredicho sus palabras con intención de corregirla.
  • Actitudes humillantes (burlas): resaltar sus defectos delante de la familia o amigos, compartir fotos con tus amigos o hacerle preguntas que sabes/intuyes que no sabrá su respuesta.
  • Agresión verbal con insultos: insultos directos hacia su persona o insultos utilizando a seres que ama como su familia.
  • Agresión física con manotazos, golpes o empujones: nada que aclarar en este punto.

Algunas parejas dicen que tras una acalorada discusión echando víboras por la boca y con los ojos saliendo de sus órbitas, se quedan más a gusto y luego están mejor, o tiene un buen sexo (¿has visto la serie de televisión Big little lies?). Si para estar bien o hacer el Amor tenéis que pasar por el maltrato, algo no va bien.

Hay algo primordial en el buentrato: nos mueven los sentimientos cálidos y afectuosos, estamos alimentadxs por la empatía, la comprensión, la compasión y el deseo de favorecer al otro. Mientras que en las manifestaciones del maltrato como es la falta de respeto nos mueven los sentimientos de destrucción, odio, control y dominio. En el interior del maltrato se esconden experiencias traumáticas que se reproducen, modelos (referentes) que se replican de padres a hijxs, características egóicas como el narcisismo, inseguridad y baja autoestima.

Claves para poner soluciones a la comunicación

Repasando estos cinco problemas que encontramos en la comunicación de las parejas voy a daros cinco claves para poner remedio:

  1. Practicar la escucha activa
    Cultivad la paciencia, aprended a escucharos (y a pedir que te lo repita si es necesario) y dejad a un lado vuestra opinión (juicio). Sobretodo observa cómo estás tú cuando tu pareja te habla (qué sientes, piensas, cuál es tu impulso inicial, qué proyectas en él/ella...).
  2. Expresar las necesidades
    Tomad vuestro lugar expresando vuestras necesidades o deseos, sin esperar a que el otro lo adivine (anticipación), dad espacio y tiempo para que el otro se exprese, sin que seas tú quien se ocupe y lo asfixie (control).
  3. Manifestar el desacuerdo o enfado adecuadamente
    Si estáis tranquilxs, utilidad “me siento...”, “me parece...” o “me hace enfadar...” en tono calmado. Si no, dad un tiempo para que se calmen las aguas y poder retomar la conversación.
  4. Ampliar la perspectiva de las situaciones
    Incluid “algunas veces” o “más de una vez” y “pocas veces” o “menos de lo que recuerdo” en vuestro vocabulario cotidiano, preguntad “¿te apetece/gustaría...?”, “¿crees que sería posible...?” o “¿podrás hacer...?” (confirmar en lugar de imponer) y respirad ante una situación conflictiva.
  5. Convivir en el buentrato
    Sabed que en el interior del otrx están las mismas necesidades afectivas y de contacto que en ti, simplemente que no sabe pedirlas o manifestarlas de otro modo. Acordaros de daros las “gracias”, pedir ”por favor” y nutriros con buenas palabras y gestos: “¡qué bien que me has llamado!”, “¿quieres que te ayude?”, una mano en su mano o en su mejilla, un intercambio de miradas.

Todo esto son prácticas que podemos llevar a cabo para mejorar la comunicación en la pareja. A veces te cuesta más a ti, otras a él/ella. Lo que parece claro es que podemos necesitar (re)aprender a comunicarnos, como se aprende cualquier arte. Y es que la comunicación en el Amor es un arte. ¿Qué os parece aprender a comunicaros en el Amor a partir de hoy mismo?




Juanfran Díaz
Juanfran Díaz
Juanfran es terapeuta corporal y gestalt, facilitador de procesos de cambio, acompaña a personas que desean vivir más plenamente, y ha creado su proyecto de desarrollo personal Hombres Conscientes.

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